CARTA ABIERTA A CARLOS SOBERA. Carlos No seas cómplice

Querido Carlos,

El otro día confesabas en una entrevista a un medio de comunicación en el día mundial de la diabetes, tu preocupación porque tu hija no desarrollara tu misma enfermedad.

Te admiro, mi abuela fue diabética y tengo otros familiares que también lo son y me parece una lucha loable.

Pero ahora te voy a contar mi historia, yo he sido ludópata, conseguí vencer esta batalla, eso sí con muchas dificultades, en algún momento pensé en quitarme del medio para no ser un estorbo para la sociedad.

Verás, yo todavía no soy padre, aunque algún día espero serlo, y tampoco quiero que mis hijos, si algún día los tengo, desarrollen esta enfermedad.

Me gustaría que respondieras con sinceridad esta pregunta, Carlos ¿de verdad te vale la pena? Si, ya se que me vendrás con la excusa que cada uno debe ser responsable de sus actos.  Pues a eso te respondo, cuando uno es ludópata, ese control ya lo ha perdido y con anuncios tan agresivos como el tuyo cada vez gente más joven está acudiendo a los centros de desintoxicación del juego.

Ahora bien ¿te sigue valiendo la pena? No se, te tomo por un comunicador de rigor, y sinceramente no te vería anunciando cocaína, pues las apuestas crean la misma o mayor adicción.

Reconozco que alguna vez de las que he visto tu anuncio he sentido rabia e impotencia, y alguna vez me han entrado ganas de tirar el mando a distancia contra la televisión. Solo espero que el Gobierno apruebe pronto el Decreto de Prevención de la Ludopatía donde anuncios como el suyo no tengan cabida en nuestra televisión.

Termino ya, ¿Carlos de verdad te vale la pena? Sólo te pido que no seas cómplice de fomentar una generación llena de ludópatas a imagen y semejanza de la generación de los 90 adicta a la heroína.

8 de septiembre: el día que volví a nacer

8 de septiembre de 2015, ese día volví a nacer.

Lo reconozco me quise quitar del medio, no sabía controlar la situación, tenía muchas deudas acumuladas, pero ante todo no tenía ilusión de luchar por nada, lo tenía decidido, el juego me había ganado, lo había perdido todo, dinero, amigos, trabajo, y la única solución que veía era el suicidio.

En aquel momento me vino a la cabeza mi madre, para quien no me conozca, soy hijo único, y además mis padres habían sufrido 4 abortos, ellos no sabían nada, si que me veían nervioso, tenso que me costaba dormir, aunque pensaban que era por otras cosas.

Me lo pensé, y me decidí a hablar con ellos, lloramos mucho los tres, y al día siguiente ya estaba buscando la solución, contacté con Patim, la Fundación con la que decidí tratarme.

Bendito 8 de septiembre en el que me di cuenta de que cuando lo pierdes todo, realmente es cuando estás preparado para empezar a ganar.